Intento que los papeles no se acumulen, pero al final de la jornada siempre tengo la sensación de no haberlo conseguido. Y eso que soy bastante organizado y pelín cuadriculado. Dan ganas de irse a correr un rato, y lo hago en cuanto puedo. Me aleja de los problemas cotidianos y me acerca a la naturaleza, sus silencios y quietud. Regreso sudando y la ducha me limpia parte de la pesada carga. Entonces, todo vuelve a estar un poco más equilibrado. Hasta la bandeja parece estar menos llena.
Me he levantado a la misma hora, pero hoy no tenía prisas. Mi jornada habitual de trabajo de los lunes es hoy distinta, TENGO EL DÍA LIBRE. He dejado al nene en el cole y a su madre, ahora tengo un importante botín de horas que intentaré emplear de forma racional. Bueno, lo dejamos en intentar. No hay mucho correo y me voy a leer un par de manuales, ya tengo las uvas en remojo para media mañana y quizás vaya a correr un rato. Aunque las nubes amenazan este lunes especial, pero nada evitará que sea un lunes distinto. Voy a saborearlo despacio.
Son cuatro días de fiesta, que por ser comienzo de curso quizás no disfrute tanto. Pero pretendo descargar la agenda e intentar ponerme al día. El martes tengo que volver y ver menos papeles en el cestillo de asuntos pendientes.